Como ya sabéis, trato a este blog como un diario personal en el que voy anotando todo lo que me va pasando, y hoy me gustaría compartir mis sensaciones enseñando tecnología e informática a jubilados y pre-jubilados. En general, transmitir es una de las cosas que mas me gustan, y, espero poder dedicarme a ello en un futuro.

Enseñar a personas mayores tiene cierta complicación principalmente porque no están muy relacionados con la tecnología, así que lo ven como algo inaccesible para ellos, y, lo primero que hay que hacer es intentar que le pierdan el miedo, y hacerles ver que no va a explotar el ordenador porque toquen un botón que no deben. Luego están, dependiendo de la persona, pues los problemas de memoria, o de asimilación de conceptos. Pero contra todo se puede luchar.

En las clases siempre procuro estar en pizarra lo menos posible, y constantemente les planteo prácticas y ejercicios para que hagan. Mientras las hacen, yo soy un mero observador: me paseo por su alrededor para controlar que les va bien, preparo en mi ordenador la siguiente práctica… Pero no me gusta perder el tiempo con demasiada teoría, aunque siempre hay que contextualizar todo aquello que se explica, para que vean las prácticas, como aplicaciones reales que puedan llevar a cabo en su día a día

Mi experiencia personal no podría ser mas satisfactoria, en la mayoría de los casos han tenido éxito los cursos y han empezado a emplear herramientas como el navegador de Internet o el correo electrónico como algo habitual. Lo mismo si hablamos de dispositivos como el teléfono móvil o la cámara digital, la mayoría han acabado llamando, mandando mensajes y haciendo fotos como si tal cosa. El secreto está en superar la barrera psicológica del “es muy difícil, no podré hacerlo”, que no deja de recordarme a la fábula del elefante encadenado: pues bien, hay que conseguir que vean que esa “cadena” se rompe fácilmente.

Por supuesto, como cualquier trabajo, tiene momentos buenos y momentos malos, pero salvo algún caso muy especial, la gente se suele mostrar atenta, abierta y agradecida. Mi filosofía es el respetarles por ser personas, no por ser personas mayores: me merece el mismo respeto un chaval de 15 años que un señor de 80. En mi opinión, con las canas no te ganas el respeto, sino con las acciones.

En resumen, no dejaré de dar estos cursos mientras tenga la oportunidad, aprendemos las dos partes y uno se queda con muy buen sabor de boca.